De series y vampiros: True Blood o la rebelión de los secundarios


Ayer los seres desquiciados con ansias del final de la temporada saciamos nuestra sed acumulada a lo largo de la semana. Nos quedan apenas dos capítulos para poner punto y final a esta tercera temporada de True Blood y aún así, creo que no me equivoco al afirmar que nos dejarán otra vez con la miel en los labios después de una gran traca final en el último episodio. El maldito Alan Ball sabe hacer bien su trabajo.

True Blood es sangre, intriga, vampiros, amoríos, el torso desnudo del vampiro u hombre lobo de turno, y Russell Edgington haciendo un speech reivindicativo en prime time, con un trozo de columna vertebral en la mano, recién arrancada del presentador del telediario. En septiembre de 2008, el conocido guionista de American BeautySix Feet Under, Allan Ball, nos deleitó a todos con el episodio piloto de esta serie made in HBO. Ball adapta de las novelas de Charlaine Harris sobre una Nueva Orléans donde los vampiros empiezan a reivindicar sus derechos como ciudadanos corrientes.

Es curioso cómo en True Blood, pronto dejan de interesarte los sosos y edulcorados protagonistas, para recibir con los brazos abiertos las escabrosas historias de los humanos y vampiros que transitan por el sanguinario pueblucho de Bon Temps. Al mitificado Bill Crompton, mezcla de príncipe azul y chico malote y peligroso (un poco a lo Edward de Crepúsculo) enseguida dejas de desearle un final feliz con la aburrida de Sookie Stackhouse. Sin embargo, es inevitable prestarle más atención al Sheriff de Louisiana: el vampiro cabrón de Eric Northman, a Sam Merlotte y su nueva familia o a los múltiples y constantes traumas por los que tienen que pasar Tara y Lafayette.

Esta tercera temporada supone un auge con respecto a las anteriores, con personajes más consistentes y todavía más hilos argumentales, a cada cual mejor. True Blood es, sin duda, la prueba definitiva que los componentes químicos de serie nunca son fijos, ya ni hace falta que la protagonista te caiga en gracia. Aunque, sobre todo, es la prueba de que, sin duda, Alan Ball es un alquimista jodidamente excepcional.

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Un pensamiento en “De series y vampiros: True Blood o la rebelión de los secundarios

  1. Yo enviaría artículos con sustancia como este al tercer mundo junto a los paquetes de comida. 🙂
    Reconozco que solo vi temporada y media de True Blood, pero Alan ball nunca se equivoca, así que la tengo pendiente. Y en cuanto a Anna Paquin, con ese uniforme de camarera nunca puede estar sosa… Ya de cría en “El piano” mostraba maneras, y además luego estuvo muy graciosa recogiendo el oscar.

    Buen artículo, con nervio.

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